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El mediodía nos pilla frente a otro fortín elevado, el castillo de Turégano, población de origen celtibérica. Hasta allí se llega por la C603, cuyo último tramo son largas rectas que permiten comprobar que el Seat 124 se encuentra en un estado de forma excepcional como para ir adelantando cómodamente a coches “jóvenes” de cuarenta años menos.
Después de parada y fonda en uno de sus típicos restaurantes de la plaza principal y degustar indefectiblemente un asado de la zona, continuamos hacia Segovia.
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Declarada Patrimonio de la Humanidad, la capital castellana tiene en su acueducto romano una visita obligada. Pero no la única. La catedral, el Alcázar, la plaza de Medina del Campo, la casa del conde de Alpuente, la Alhóndiga —antiguo almacén de cereales del siglo XV— y sus numerosas iglesias invitan al viajero a perderse por su maraña de calles, que cuando las fuerzas flaqueen no faltará dónde tomar un buen vino o degustar el tradicional tostón asado.
Apenas 12 km separan Segovia de otra villa y corte, el Real Sitio de San Ildefonso. Felipe V mandó construir su versallesco Palacio Real en 1731, y junto a él las no menos reales fábricas de cristales y tapices. La Granja y Valsaín quedan atrás mientras nos adentramos de nuevo en plena serranía de Guadarrama, en dirección a Navacerrada. Otra vez aparecen los bosques de pinos que envuelven la zigzagueante carretera, antes de llegar al alto donde madrileños y segovianos se juntan en invierno en torno a sus pistas de esquís.
El descenso rápido a Madrid invita a buscar la autopista A6, aunque todavía existe la opción de seguir disfrutando de la conducción buscando el desvío hacia Cercedilla, Guadarrama, la no menos monumental localidad de El Escorial y Galapagar. Al final, otro célebre punto del automovilismo deportivo como es la Cuesta de las Perdices, en plena A6, nos adentra en Madrid.
Para entonces, el sol se va ocultando y la céntrica puerta de Toledo nos recibe con su habitual iluminación y bullicio. El Seat 124 ha sido un excelente compañero de viaje en carretera abierta, pero el extenuante tráfico de la capital ya no es su hábitat. Mejor no castigarle ahí.
La ruta
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Al volante del SEAT 124 Sport
El Seat 124 Sport zarandeó el mercado español de cupés con ciertas pretensiones deportivas, justo antes de que el «crack» del 73 pusiese coto a los modelos de prestaciones y consumos altos. Hasta entonces, los gallos del corral nacional habían sido los Alpine A110 y poco más. Su hermano pequeño, el 850 Sport Coupé, era eso, el pequeño; y los deseados Alfa GTV, Ford Capri, Opel GT y Peugeot 504 todavía entraban por la aduana a cuentagotas y con elevados costes.
Así es que los 110 CV de potencia de su motor 1.600 biárbol se presentaban bastante apetecibles a los ojos de los conductores más briosos… y pudientes. No era barato. Este ejemplar apareció bajo una capa de polvo y ha sido restaurado de pe a pá. De ahí que tenga un aspecto mejor que nuevo, un tacto fino y un funcionamiento redondo. Un coche de estreno, en definitiva.
El cuatro cilindros es bastante elástico y con un rango bastante amplio de utilización entre 3.000 y 6.500 vueltas. Aunque para que de verdad vaya alegre y los carburadores no se emborrachen, requiere ir en la zona alta. La caja de cinco relaciones es una delicia, rápida de manejo y de funcionamiento, y el bastidor puede de sobra con las prestaciones que es capaz de desarrollar.
FUENTE: http://www.autopista.es/clasicos/articulo/seat-124-sport-coche-mitico-clasico-ruta-sierra-guadarrama-madrid-segovia