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Carta desde el desguace


owell
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Os paso un relato emotivo que he encontrado por la red. Espero que os guste.

 

 

Carta desde el desguace

 

 

 

Lo que más me preocupa (me aterra) es que llegue el día en que no me queden “órganos” útiles que dar y pase a la siguiente fase, en la que me quedase reducido a un cubo de materia inservible y, posteriormente, la liquidación (me convierta en un líquido) y el reciclaje.

 

Entenderán mi amargura si además les digo que encima de mí tengo a tres semejantes más (peor está el que tengo debajo) apilados como en uno de sus cementerios, pero sin la dignidad y la intimidad que da la individualidad de un nicho. Aquí tengo que soportar los líquidos, aceites, pintura y demás materias que la erosión desprende de mis finados compañeros de arriba.

 

Pero lo peor es que cerca se encuentra una carretera (sólo nombrarla me emociona) y, desde ella, me llega el “vivo” sonido de los motores de los autos al surcarla, el rumor de sus neumáticos con el roce del asfalto, la caricia del viento roto por la velocidad. Y todo me hace recordar lo que fui, lo feliz que fui...

 

Nací turismo, turismo utilitario (no tuve la suerte de nacer con “estrella” y haber sido un coche de lujo). Me terminaron de ensamblar el 7 de junio de 1995 (como figura en mi permiso de circulación). Todavía recuerdo mis nervios ante mi primer arranque... ¿fallaría mi motor?... entonces noté la admisión, como se comprimía y explosionaba, luego el escape de los gases... ¡miles de veces por minuto! ¡Funcionaba!

 

Mis primeros metros los hice hasta el tren que me llevaría al concesionario. La verdad es que hubiese ido por mis propios medios. Luego, anclado en el mercancías, sintiendo el aire acariciar mi carrocería, como anticipo de lo que me esperaba. Recuerdo el entusiasmo, la alegría, la incertidumbre que sentíamos todos los vehículos en aquel tren. ¿Quién nos acogería? ¿Tendríamos nuestra propia plaza de garaje?

 

Llevaba unos días en el concesionario, en la zona de exposición. Me habían aspirado, lavado y encerado. Y el sol que entraba por la cristalera resaltaba mi color azul caribe ¡Casi nada! La verdad es que era toda una tentación. Vi a Manolo, por primera vez, un sábado por la mañana. Entró acompañado por Teresa, su mujer, y sus dos hijas, la pequeña Teresita, de 8 años, y Juanito, de 12. Nada más verlos noté unas vibraciones en mi interior, un flechazo como dirían ustedes. Se acercaron hasta donde me encontraba acompañados de mi representante humano, quien les habló de mis virtudes: “es un coche que consume poco, puede albergar a cuatro personas cómodamente, además está de oferta de nacimiento (bueno, creo que dijo de lanzamiento). Mientras les contaba mis excelencias, la pequeña Teresa se sentó en mi asiento trasero... <<déjenla, este coche está hecho a prueba de niños... je, je>>... metió su manita en el bolsillo de su pequeño chándal y encontró un trozo de chocolate olvidado del día anterior. Al final se quedaron conmigo. ¡Les gusté! Bueno, ayudó un poco el que les descontaran 25000 ptas. por las dulces manchas en mi tapicería.

 

Aquellos primeros meses fueron los más felices de mi vida. Manolo me lavaba todas las semanas. Lo hacía él mismo, a mano. Me pasaba la esponja con delicadeza al tiempo que cantaba. Algunas veces hasta me hablaba, y se enfadaba cuando veía una raya, o la prueba de haber coincidido, en el espacio y tiempo, con algún pájaro diarreico. ¡Pero que te han hecho! -me decía mientras se afanaba-. Además, me quitaba el polvo casi todos los días con un plumero (ay, mi plumero...),... con que suavidad lo pasaba. Me ponía a 100, y mi temperatura subía... Incluso, una vez, se me llegó a conectar el circuito de refrigeración.

 

Por la noche, cuando me dejaba en el parking de la finca, camino del ascensor, se volvía y me miraba con orgullo, con amor (alguna vez le oí decir: ¡hasta mañana!). Sentía como me envidiaban los otros autos veteranos del parking. El que tenía enfrente me dijo un día... <<no siempre te tratará así; antes de lo que imaginas, dejarás de estar mimado, reluciente y aspirado, y para ellos sólo serás lo que eres: un utilitario; y, en menos de lo que crees, te sustituirán por otro, y pasarás a ser el segundón que duerme en la calle, o, lo que es peor, te venderán a un novato. Como hizo con el que has sustituido. El otro día me crucé con él y daba pena: sucio, abollado, y con esa “L” denigrante. Le hice un saludo con la larga, y él me lo devolvió con una de posición. Su batería no daba para más. Mi viejo amigo SEAT..., dentro de poco acabará en el desguace...>>. Cuando nombró la palabra desguace, a algunos coches se les disparó la alarma. Otro coche, que se encontraba varias plazas a mi derecha, gritó: ¡QUERÉIS CALLAROS! ¡MAÑANA ME VOY A GALICIA Y NECESITO DESCANSAR! S e hizo el silencio, y yo me quedé pensando en todo lo que me había dicho. ¿Sería cierto? El tiempo despejaría mis dudas.

 

Éramos tan felices los cinco... Los fines de semana nos íbamos al campo y lo pasábamos en grande. Mientras Teresa hacia la paella, Manolo, Juanito y Teresita jugaban al balón, y yo, con mis puertas abiertas, les deleitaba con mi música. Después de comer, la pequeña Teresita se quedaba dormida en mi mullido regazo. Luego, cuando despertaba, Manolo me sintonizaba y oía el fútbol. Cómo vibrábamos los dos con los goles de su equipo. Pero esta felicidad fue menguando con el paso de los años...

 

Un domingo salimos de excursión, pero Juanito no vino. Manolo y Teresa discutieron, reprochándose uno al otro el que Juanito se hubiera ido de fiesta con los amigos la noche anterior . A partir de ese día mi relación con Manolo se deterioró. Como si él, al igual que yo, se hubiese dado cuenta de que un ciclo de nuestras vidas se acababa, y que el tiempo acechaba al final de cada segundo. O cada kilómetro. Los valores materiales (yo) empezaban a devaluarse para Manolo (hasta que me sustituyó el muy hi... pócrita).

 

Llegué a los 100000 kms. en mi s..to aniversario y el decimoctavo de Juanito. Días después no dormí en mi querida plaza de garaje. Quedé en la calle a merced de las inclemencias del tiempo y de los gatos (malditos gatos). Por la mañana vi salir, camino del trabajo, a Manolo con “otro”, un última generación más grande que yo (¿para qué?, si últimamente, casi siempre, íbamos los dos solos). Cuando pasó por mi lado ni me miró. Sonreía. Al parecer su auto-estima estaba restablecida.

 

Los siguientes días fueron muy tristes. La intemperie no era nada comparada con la incertidumbre: ¿me habrían vendido? O, lo que es peor, ¿me llevarían al desguace? ¡Si sólo tenía 6 años (aunque yo funcionaba bien, la eutanasia aplicada a un coche era legal)! El siguiente sábado salí de dudas. Conocí a mi nuevo propietario.

 

Vi venir hacia mí a Manolo acompañado de un sonriente Juanito. Abrieron mi portón trasero y me colocaron la nefasta “L”. ¡Yo un coche en prácticas! El disgusto se me pasó en cuanto Juanito, que parecía verme por primera vez, se sentó en mi puesto de conducción y colocó sus manos en mi volante. De nuevo volví a sentir el cariño y la emoción de un humano en mi interior.

 

Con Juanito rejuvenecí. Estaba orgulloso de mí. Me llevaba de fiesta por la noche con sus amigos, y yo era el centro de atención. ¡Y le tenían envidia de tenerme! Escuchaban música, y la verdad es que no sabía que podría correr tanto. Aunque yo, a mis años, prefería las veladas más tranquilas, como cuando me llevaba al autocine (bonita palabra) con alguna chica. Ellos no se enteraban de la película..., pero yo, es que ni me movía. Sobre todo me gustaban las de ciencia-ficción, en las que las máquinas nos adueñábamos de la Tierra y usábamos a los humanos como sirvientes (sí, ustedes les llaman todavía ficción. Y, así, con tanta marcha, al final me ocurrió lo que tenía que ocurrir.

 

Descubrí que padecía una dolencia grave (la que a la postre me llevaría al desguace) el verano pasado. Juanito empezó a salir de forma regular con Maribel, solos los dos (y yo), sin amigos. Una noche, cuando regresábamos de la discoteca, me sacó de la carretera y nos adentramos por un camino que acababa en un campo de naranjos (alevosía). Una vez allí, apagó mis luces (nocturnidad). No puedo decir que lo que ocurrió después fuese ensañamiento, pero yo, que no estaba para esos trotes, me deje llevar por la intensidad del momento, sin darme cuenta de que mi junta de culatas se dilataba y dejaba escapar unas gotas de aceite. Yo las noté, húmedas y calientes, deslizarse como una caricia por mi motor, sin percatarme , en esos placenteros instantes, de que aquello era el principio de mi fin.

 

Era consciente de que a mi edad valía menos que una cara reparación. Por eso sufría cada vez que aparcaba y en el asfalto quedaba la evidencia de mi trastorno. La lluvia me salvó un par de veces llevándose mi negra hemorragia. Otra vez, que me encontraba en doble fila, me empujaron, y mi aceite quedó bajo el motor de un deportivo (¡jódete, narcisista fanfarrón!) que llegó después. Pero era cuestión de tiempo que, hasta el despistado de Juanito, se diera cuenta que perdía más aceite que el Prestige. Lo vi venir de frente (Santa Culata, Santos Pistones, que no la vea). Se paró a dos metros y la vio, y luego me miró a mí como a un perro adulto que se hubiese meado en el comedor, en la alfombra. Todavía tuve fuerzas para llegar a un taller. Allí me colocaron en una elevadora y, sin decoro alguno, mis bajos quedaron expuestos a la vista de todos. <<No vale la pena>> -dijo aquel matasanos de azul-. Así que, de una lata hizo una pequeña transfusión de mi negra sangre, y, en estado terminal, logré llevar a Juanito hasta casa.

 

Días después estuvieron retirando de mi interior cualquier vestigio que me recordara una vida en común. A los pocos minutos llegó la fúnebre y traidora grúa con su tenebroso garfio. No hubo lágrimas mientras me enganchaban y me elevaban como a un atún cogido al anzuelo. Antes de que se me llevaran, Juanito dijo, <<un momento, me olvidaba algo>>. Se me acercó, abrió la puerta y cogió mi ambientador. <<Para mi nuevo coche>> -agregó, sonriendo en el instante que una sacudida iniciara mi último y luctuoso viaje.

 

En fin, lo único que les pido es que sean cariñosos con sus vehículos. ¡Ah!... y, por favor,... hasta que salgamos de la factoría con dispositivo de sensatez (espero que de serie), dependemos de ustedes. Así que, recuerden: ¡NO CORRAN! La vida es demasiado hermosa como para acabar antes de hora aquí, en el desguace.

 

 

(Sacado de la edicion digital de el Vedat, una asociación vecinal de Valencia)

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Me recuerda que tengo mi pequeño clio del 89 en el garaje comiendo polvo, mañana mismo le doy un limpiado y le doy una vueltecita a mi primer pequeñin que por desgracia tuvo que aguantar mi "L".

 

P.D. De todas formas siento algo muy especial por los dos...

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Un pregunta curiosa... segurao que mucho s de los que habeis leido esto habeis ido ideentificand la histioria con un modelo en comun y de un color, un coche vuestro propio, curiosidad... cual?

 

Y lo aprovechables que son los pobres aun en el desguace? donan sus organos xa que otros sigan en vida!! :wub:

 

S2!

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Bueno, el unico coche mio que ha acabado en un desguace es el Kaddet 8v GSI pero la verdad es que no siento mucha nostalgia por él ya que apenas lo llegue a usar.

De vez en cuando aun veo por Terrassa mi ex 306 1.9 td y por este si que siento nostalgia; pero para el que más siento nostalgia, lo vendi pero no lo he vuelto a ver jamás es...mi primer coche un Patrol 6cil atmosferico que no andaba ni pa atras pero era más duro que mis manos de novato conduciendo a toda hostia por caminos, rieras, alli descubri la libertad sobre cuatro ruedas, el s..o, las vivencias, las amistades, sitios insospechables...El coche no pasaba de 130km/h pero me daba unas sensaciones...

Incluso usabamos la puerta del maletero como mesa para hacer un pcinic en el campo con los colegas. Me acuerdo de los agarramanos de atras super austeros al igual que todos los acabados.

 

He pensado adquirir uno igual pero no lo hare porque aunque sea el mismo modelo y el mismo motor al no ser la misma unidad...en fin a este le cogi mucho cariño.

un saludo

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Un pregunta curiosa... segurao que mucho s de los que habeis leido esto habeis ido ideentificand la histioria con un modelo en comun y de un color, un coche vuestro propio, curiosidad... cual?

 

Y lo aprovechables que son los pobres aun en el desguace? donan sus organos xa que otros sigan en vida!! :blink:

 

S2!

 

 

Pues yo lo identifico con mi primer coche. Un Seat 127. No acabó en el desguace, sinó que fue vendido. La verdad es que me trae muchos recuerdos, como la primera vez que lleve el coche con mi "L", las cintas de música que llevaba, las primeras salidas con los amigos, el primer viaje largo por carretera, etc...

En fin, que si el coche finalmente no ha acabado en el desguace y supiera por dónde anda me gustaría recuperarlo. Me trae muy buenos recuerdos. ;)

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Pues yo con todos los coches q han pasado por mi casa. Desde un R19, un Golf, un Volvo y el A4.

 

Sin embargo me identifico mas con el A4, aprendi a conducir con el, hice mis primeras escapadas destrangis y por fin puedo llevarlo con toda libertado.

 

Uno de los dias mas felices de mi vida fue cuando pude colgarle la L del cristal de atras :lol2:

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jod**, se me han puesto los pelos de punta!!! Que relato más guapo!!! :lol2:

 

En mi caso, no se que coche elegir, porque el primer coche que conduje no es el primer coche que me he comprado (A3). El primero en llevar fue el BX de mi padre, y el que más habitualmente usaba, o bien el R-11 que tenía mi madre, o el peugeot 306 que se compró después, así que quizás esos dos serían los "elegidos". El R- 11 "murió" :lol2: hace ya casi 2 años, y me quedé la matrícula como recuerdo...

El peugeot sigue enredando por casa (jode que afán por darle vida a los coches! :rolleyes: ).

 

En cuanto a mi primer coche,... pues el A3, es el A3,... cuando pienso en venderlo (alguna vez se me ha ocurrido) se me ponen los pelos de punta. Supongo que preferiré que se lo quede algún hermano, o mi novia... Así se quedará cerquita... :lol2:

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